jueves, 28 de abril de 2016

Ver las ventajas del fracaso da forma a las creencias de los niños acerca de la inteligencia

Las creencias de los padres acerca de si el fracaso es algo bueno o malo guían la forma de pensar que tienen sus hijos acerca de la inteligencia, según una investigación de Psychological Science, una publicación de la Association for Psychological Science. La investigación indica que son las reacciones de los padres al fracaso, y no sus creencias acerca de la inteligencia, lo que es en última instancia absorbido por los hijos.
"La mentalidad-las creencias de los niños acerca de si la inteligencia es algo fijo o algo que puede desarrollarse- puede tener un gran impacto en sus logros y su motivación", explica la científica psicológica Kyla Haimovitz, de la universidad de Stanford, primera autora del estudio. "Nuestros descubrimientos muestran que los padres pueden respaldar una mentalidad de desarrollo, pero es posible que no la transmitan a sus hijos a menos que tengan una reacción positiva y constructiva a las dificultades de los mismos."
Aunque hay numerosas investigaciones sobre mentalidades, los científicos han encontrado poca evidencia para sugerir que las mentalidades de inteligencia se transmiten a los hijos por parte de padres y profesores. Haimovitz y la investigadora en psicología Carol Dweck, pionera en la investigación sobre mentalidades, hipotetizaron que las mentalidades de inteligencia de los padres podrían no transferirse a los hijos porque no son fácilmente observables. Lo que los niños podrían ver y ser sensitivos a ello, especularon las investigadoras, es cómo sus padres sienten el fracaso.
Haimovitz y Dweck conjeturaron que los padres transmiten sus opiniones acerca de si el fracaso es positivo o negativo a través de sus reacciones a los contratiempos que sufren sus hijos. Por ejemplo, padres que típicamente muestran ansiedad o preocupación cuando sus hijos llegan a casa habiendo sacado mala nota en un examen podrían transmitir la idea de que la inteligencia es algo fundamentalmente fijo. Los padres que, en cambio, se centran en el aprendizaje a partir de la mala nota, transmiten a sus hijos la señal de que la inteligencia es algo que se puede construir a través del aprendizaje y la mejora.
En un estudio, los investigadores pidieron a 73 pares de padres e hijos responder a una serie de preguntas diseñadas para averiguar sus mentalidades individuales. Los padres puntuaron según su grado de acuerdo seis declaraciones relacionadas con el fracaso (por ejemplo, "experimentar fracaso facilita el aprendizaje y el crecimiento") y cuatro declaraciones relacionadas con la inteligencia (por ejemplo, "usted puede aprender cosas nuevas pero realmente no puede cambiar cómo de inteligente es"). Los niños, todos alumnos de 4 º y 5 º grado, respondieron a declaraciones similares sobre la inteligencia.
Como se esperaba, no había ninguna relación entre las creencias de los padres sobre la inteligencia y las creencias de sus hijos sobre la inteligencia.
Sin embargo, las actitudes de los padres hacia el fracaso estaban relacionadas con cómo sus hijos pensaban sobre la inteligencia. Los padres que tendían a ver el fracaso como un evento negativo y dañino tenían hijos que eran más propensos a creer que la inteligencia es fija. Y cuanto más negativas eran las actitudes de los padres, más probable era que sus hijos los viesen preocupados acerca de su rendimiento en lugar de su aprendizaje. 
Y los investigadores encontraron que las creencias de los padres sobre el fracaso parecían traducirse en sus reacciones al fracaso. Los resultados de dos estudios en línea con un total de casi 300 participantes demostraron que los padres que adoptaron una postura más negativa hacia el fracaso eran más propensos a reaccionar a la supuesta mala nota de sus hijos con preocupación acerca de su falta de habilidad. Al mismo tiempo, estos padres tenían menos probabilidades de mostrar apoyo a su aprendizaje y mejora. Sus reacciones a la mala nota no estaban vinculadas, sin embargo, con sus creencias sobre la inteligencia.
Lo más importante es que datos adicionales indican que los niños estaban muy en sintonía con el sentir de sus padres respecto al fracaso.
"Es importante para los padres, educadores y preparadores saber que la mentalidad de desarrollo que tienen asentada en la cabeza puede no llegar a los niños a menos que utilicen prácticas orientadas al aprendizaje, como hablar de lo que sus hijos podrían aprender de un fracaso y cómo podrían mejorar en el futuro," dice Haimovitz.
Según Haimovitz y Dweck, estos resultados podrían aprovecharse para desarrollar intervenciones que enseñen a los padres acerca de las potenciales ventajas del fracaso, mostrando a los padres cómo pueden reaccionar frente a los contratiempos de sus hijos en formas que motiven en lugar de desalentar.



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